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¿Cuáles son los factores de éxito para implementar sistemas de bicicletas compartidas?

Revisar y alinear políticas, ser proactivo acerca de las iniciativas emergentes, y mejorar la seguridad son clave, revela investigación de WRI

El uso seguro, accesible y asequible de bicicletas y monopatines compartidos y sin anclaje, ofrece una gama de beneficios para las ciudades y sus residentes, desde un transporte más saludable y más activo hasta una menor congestión del tráfico, menos contaminación del aire y más opciones para que las personas puedan ir y venir de los centros de transporte público.

Sin embargo, la introducción de estos sistemas, así como de otras innovaciones como las bicicletas eléctricas, también plantean desafíos, como conflictos por el uso del espacio público, el intercambio de datos, la seguridad vial y la fiabilidad del servicio.

¿Cómo pueden las ciudades aprovechar los importantes beneficios de la micromovilidad, y al mismo tiempo garantizar la seguridad de los usuarios, así como promover mejores prácticas entre los operadores privados de estos servicios?

Varias preguntas para varios desafíos

Un nuevo documento de trabajo del Word Resources Institute (WRI), titulado La evolución del uso compartido de bicicletas: 10 preguntas sobre la aparición de nuevas tecnologías, oportunidades y riesgos, desarrollado bajo la Iniciativa para el Financiamiento de las Ciudades Sostenibles, y apoyado por Fundación Citi, aborda algunos de estos desafíos mediante una serie de preguntas clave que todos los funcionarios de las ciudades deberían hacerse al considerar la implementación de sistemas de bicicletas compartidas. El objetivo de este documento de trabajo es proporcionar a los tomadores de decisiones de las ciudades, herramientas para evaluar la adopción y la implementación de estos sistemas.

El documento no fue diseñado para ser una guía completa para la implementación, ni pretende proporcionar recomendaciones prescriptivas; más bien ofrece preguntas y respuestas para ayudar a los funcionarios de las ciudades, a navegar a través de los desarrollos e innovaciones recientes en cuanto a tecnologías, datos y modelos de negocios nuevos y mejorados, relacionados con el uso compartido de bicicletas.

Algunas conclusiones preliminares

El documento del que hablamos incluye algunas conclusiones que sería bueno adelantar aquí para, con base en ellas, plantear preguntas relacionadas con los contextos latinoamericanos, y en general del Sur Global. Algunas de ellas son las siguientes:

1.     El uso seguro, accesible y asequible de bicicletas compartidas, debe ser un elemento fundamental de las estrategias de movilidad y sustentabilidad de las ciudades de todo el mundo.

2.     Compartir bicicletas es la mejor forma de consolidar el uso de la bicicleta en las ciudades, siempre y cuando esta modalidad se integre, desde la política pública, a redes más amplias de transporte público, como autobuses y metros.

3.     Las nuevas tecnologías relacionadas a las bicicletas compartidas, ofrecen grandes oportunidades, pero también desafíos importantes para las ciudades.

4.     Si bien el rápido ritmo del cambio puede ser desafiante, las ciudades y los actores involucrados pueden ser proactivos, en vez de reactivos, para enfrentar positivamente estos desafíos y así obtener el máximo de beneficios para la ciudad en su totalidad.

5.     La rápida velocidad con la que están surgiendo estas innovaciones también ratifica que la seguridad vial es prioritaria, urgente y fundamental para promover y fomentar el transporte activo para los viajes cortos en la ciudad.

El caso de la Ciudad de México

La experiencia de la Ciudad de México, con el lanzamiento de ECOBICI en 2010, es un ejemplo valioso de lo importante que es revisar a profundidad las políticas habilitadoras, y garantizar que los sistemas se diseñarán para ayudar a que las ciudades cumplan con sus objetivos.

En 2007, la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México presentó su Plan Verde, un llamado urgente para mejorar la calidad del aire y la movilidad en la ciudad. Ese plan requirió de la creación de una estrategia de movilidad en bicicleta, que inició con el cierre de 10 kilómetros de calles para vehículos motorizados, y su apertura a usuarios de vehículos no motorizados, todos los domingos de 8:00 a 14:00 horas.

Lo crucial para el éxito de ECOBICI fue asegurar que el sistema se integrara al plan general de movilidad urbana de la ciudad. A la fecha, ECOBICI es el sistema público de bicis compartidas más grande de América Latina, con más de 480 estaciones de acoplamiento y 6 mil 800 bicicletas, incluidas 340 bicicletas eléctricas.

Sin embargo, fue hasta que la Ciudad de México realizó una prueba piloto de uso compartido de bicicletas sin anclaje, en marzo de 2018, cuando los funcionarios se dieron cuenta y señalaron que las compañías interesadas en ofrecer servicios de micromovilidad, tenían que cumplir con requisitos mínimos como el tamaño de la flota, la seguridad y el intercambio de datos.

Además, identificaron que esas iniciativas debían iniciar con la solicitud de un permiso y la realización de un estudio de factibilidad, además de una certificación como empresas mexicanas comprometidas a compartir datos en tiempo real, entre otros requisitos. La colaboración entre los proveedores privados y las autoridades públicas locales es clave cuando se trata de la operación de sistemas de micromovilidad.

Como se ha visto en la Ciudad de México, esto podría implicar el diseño de esquemas de permisos y regulaciones que faciliten la implementación de estos sistemas, y que brinden a las ciudades, operadores y otros actores involucrados, la capacidad de establecer pruebas piloto que permitan medir y escalar este tipo de soluciones en cuanto a seguridad vial, gestión del espacio público y planificación en general de la movilidad urbana.

¿Qué hacer en Latinoamérica y en todo el Sur Global?

Si bien el desarrollo de este tipo de tecnologías es aún muy reciente en el mundo y ha sido poco implementado en ciudades de América Latina, es importante señalar que para garantizar una movilidad urbana integrada, segura y sustentable, que incluya a la micromovilidad, es esencial que los gobiernos locales y los operadores establezcan canales de comunicación adecuados y alineados con las políticas públicas vigentes de la ciudad, para trabajar en conjunto y desarrollar legislaciones apropiadas, proveer infraestructura segura y adecuada, y administrar eficientemente la operación y el mantenimiento de estos sistemas.

A manera de cierre

Las autoridades, el sector privado y los actores clave interesados en general, deben trabajar de la mano para desarrollar las condiciones necesarias que garanticen el éxito de la implementación de estos sistemas, mediante el escalamiento de pruebas piloto debidamente diseñadas, el flujo de información para la toma de decisiones, y la garantía del acceso seguro para todos, a estos medios de transporte.

La aparición de nuevas tecnologías crea nuevas oportunidades para aumentar el interés de los usuarios en alternativas sustentables de movilidad, por ejemplo, pero también retos y desafíos para los funcionarios de las ciudades de todo el mundo. Esta reciente publicación de WRI pretende arrojar luz sobre estos asuntos.

Te invitamos

Este nuevo documento de trabajo del World Resources Institute facilita a los funcionarios de las ciudades abordar cuestiones difíciles y preocupaciones generales sobre esta nueva generación de bicicletas compartidas, hoy en pleno auge. Pensar guiadamente sobre estos problemas asegura que los tomadores de decisiones aprovechen los beneficios que los sistemas de micromovilidad pueden proporcionar a todos los habitantes de las ciudades.

Consulta La evolución del uso compartido de bicicletas: 10 preguntas sobre la aparición de nuevas tecnologías, oportunidades y riesgos, descargándolo desde esta liga. Te invitamos a sumarte a mejorar la movilidad de las ciudades, un reto sin duda urgente, relevante y fascinante.

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