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Adaptación Basada en Ecosistemas costeros, un aliado en mitigación climática y desarrollo

México tiene la oportunidad de fortalecer su NDC a través de la restauración y conservación de manglares, los cuales tienen la capacidad de mitigar el cambio climático y crean oportunidades directas para la adaptación, el desarrollo y la creación de empleos

Por su topografía y posición geográfica, así como la situación socioeconómica de gran parte de la población, México es un país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático. Particularmente, el país tiene una alta susceptibilidad a fenómenos hidrometeorológicos como huracanes, inundaciones, sequías, ciclones tropicales y tormentas, potenciados por el aumento en el nivel del mar y la temperatura promedio, tanto global como oceánica, consecuencias del cambio climático. Por ejemplo, en las últimas semanas, las lluvias históricas en el sur del país han batido récords que superan los registros de los últimos 50 años. Generado inundaciones principalmente en los estados de Tabasco y Veracruz. Tan solo en Tabasco, más de 150,000 personas han sido afectadas.

Este año, la temporada de huracanes del Atlántico ha tenido un número inusualmente alto, siendo el reciente huracán Delta la tormenta número 26. En vista de que estos fenómenos aumentarán en fuerza y periodicidad debido al cambio climático, el establecimiento de protección costera eficaz y sostenible es una preocupación urgente.

La reducción rápida y significativa de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) es esencial para mantener el aumento de la temperatura promedio global por debajo de los 1.5°C, y evitar así los efectos más catastróficos del cambio climático. Por estas razones, México ha reconocido la importancia de la adaptación al cambio climático.

Afortunadamente, existe una cartera diversa de estrategias para disminuir y detener la emisión de GEI, junto con medidas para reducir su concentración en la atmósfera, entre las que se encuentran la captura de dióxido de carbono (CO2) y el aumento y regeneración de sumideros de carbono (reservorios que capturan más CO2 del que emiten). En particular, hay una respuesta al cambio climático a través de la infraestructura verde, conocida como Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), la cual está ganando cada vez más aceptación como una alternativa a la infraestructura "gris", que es la construida por humanos.

Por ejemplo, la reforestación y restauración ecológica se han identificado como medios atractivos para capturar CO2: los árboles absorben CO2 a través de la fotosíntesis, liberando oxígeno a la atmósfera y reteniendo el carbono. Parte de este carbono se convierte en biomasa de la planta, almacenándose en madera, hojas y raíces y una fracción importante se retiene en el suelo. La restauración y reforestación tienen a su vez numerosos cobeneficios: aumentan y protegen la biodiversidad (incluyendo polinizadores), promueven la lluvia y proporcionan leña, forraje, y empleos directos e indirectos.

Bajo el paraguas de las SBN, se encuentra la Adaptación basada en Ecosistemas (AbE), que se refiere a la utilización de los servicios ecosistémicos para avanzar objetivos de adaptación al cambio climático. La AbE se ha adoptado en México como parte de una estrategia más amplia, siendo uno de los tres ejes del componente de adaptación en la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) del país.

México se encuentra en el proceso de fortalecimiento de su NDC, cuya versión revisada será presentada a finales de este año. El proceso de revisión actual es una oportunidad para fortalecer el papel de la AbE, especialmente para la restauración y conservación de manglares en el país, y asegurarse de que se incluyan objetivos más específicos, medibles y robustos en la NDC.

A continuación, se argumenta el caso a favor de que México fortalezca su NDC en materia de AbE a través de la restauración y conservación de ecosistemas de manglar, generando beneficios tangibles en términos de mitigación y adaptación al cambio climático, así como oportunidades económicas y de desarrollo.

Adaptación basada en Ecosistemas Costeros

La AbE considera a la conservación, restauración y manejo sustentable de los ecosistemas como una estrategia para aumentar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad de las poblaciones y ecosistemas. A la vez, puede vincularse con la mitigación del cambio climático, dado que ecosistemas como los bosques y humedales tienen el potencial de secuestrar y almacenar carbono. La AbE es una forma de adaptación accesible a las poblaciones rurales pobres, dada su interdependencia e interacción con los ecosistemas. Además, esta estrategia puede contribuir a mantener el conocimiento tradicional y los valores culturales. Es así como las actividades y estrategias asociadas a la AbE pueden generar beneficios sociales, económicos y culturales, además de ambientales.

En particular, la restauración y manejo sostenible de ecosistemas costeros, específicamente manglares, es una propuesta atractiva de AbE, ya que éstos actúan como barrera ante tormentas, rompiendo vientos y oleaje, reduciendo significativamente los impactos de estos fenómenos en la población e infraestructura costera, proveen protección contra inundaciones y aumento del nivel del mar, previenen la erosión costera y regulan la calidad del agua. A su vez, los manglares crean oportunidades directas para el desarrollo y la creación de empleos y permiten la preservación de industrias asociadas, como pesquerías, turismo y recreación.

Adicionalmente, estos ecosistemas tienen la capacidad de mitigar el cambio climático a través del secuestro y almacenamiento de carbono orgánico en el suelo y la vegetación, a tasas de tres a cinco veces mayores que muchos bosques terrestres. Actualmente, los manglares se extienden a lo largo de 150 mil kilómetros cuadrados, distribuidos en 123 países. Según Global Mangrove Watch, se estima que el total de carbono orgánico almacenado en los manglares del mundo es de 21 mil 914.17 Mt CO2e.

A pesar de los servicios y beneficios que brindan, los manglares son uno de los ecosistemas costeros más amenazados. Son altamente vulnerables a la deforestación, acuacultura, agricultura, turismo, urbanización y contaminación del agua o del suelo. De acuerdo con datos de la FAO, entre 1980 y 2005, se perdieron alrededor de 3.6 millones de hectáreas de manglar a nivel mundial, un área equivalente al estado de Puebla, lo que representa alrededor del 20% de la cobertura global de manglar.

México es uno de los cuatro países con la mayor área de manglar, con una extensión de aproximadamente 780 mil hectáreas, lo que equivale al 0.5% del territorio nacional. Se estima que el total de carbono orgánico almacenado en los manglares de México es de mil 299.77 Mt CO2e, lo que equivale a poco menos del doble de las emisiones totales de México en un año. Se estima que el valor de los servicios ecosistémicos que proveen los manglares en el país es de alrededor de 100 mil dólares por hectárea por año, lo que equivale a una contribución total a la economía nacional de 70 mil millones de dólares por año.

Sin embargo, anualmente, se deforestan importantes áreas de manglar al ser rellenadas para desarrollos turísticos y proyectos de infraestructura, sustituidas por granjas camaroneras, dañadas por cambios artificiales en los flujos de agua, entre otros factores. Se pierde alrededor del 0.43% del total de manglares en el país anualmente. Si esta tasa de deforestación continúa durante los próximos 25 años, se calculan daños equivalentes a 400 millones de dólares.

Por el potencial de los manglares en la mitigación y adaptación al cambio climático y por su importancia y amplia distribución en el país, existe una gran oportunidad para que México implemente medidas de AbE, a través de la restauración de ecosistemas de manglar dañados y la reforestación en áreas donde éste ha sido perdido.

La oportunidad para México

Además de beneficios tangibles para la adaptación y mitigación, la implementación de AbE provee ventajas prácticas y económicas. Según un análisis reciente, comisionado por el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, se estima que puede ser de dos a cinco veces más barato restaurar los ecosistemas costeros que construir rompeolas y, por cada dólar que se invierte en conservación y restauración de manglares, se genera un beneficio de tres. Sin embargo, las ganancias por la conservación son mucho mayores que las de restauración, debido a los altos costos implicados. Mientras que la restauración genera dos dólares por cada dólar invertido, la conservación puede generar una ganancia de 88 dólares por cada dólar invertido.

Existen numerosas experiencias exitosas de restauración comunitaria de manglares a un costo competitivo, que, a la par, proveen empleos locales y contribuyen a los medios de vida. Por ejemplo, la comunidad de El Delgadito, localizada en la Reserva de la Biósfera El Vizcaíno, en Baja California Sur, ha desarrollado un proyecto de restauración de manglar. Hasta la fecha, han instalado un vivero comunitario y comenzado las labores de restauración; tienen como objetivo la restauración de alrededor de 20 hectáreas de mangle rojo. Desde su inicio, el proyecto ha generado empleo para los habitantes de la comunidad, además de beneficiar a las pesquerías locales y proveer protección contra fenómenos hidrometeorológicos.

No obstante, es necesaria una mayor inversión para poder transformar la manera en que los ecosistemas marinos y costeros son manejados en el país, revertir la tendencia de destrucción de los mismos y frenar la liberación de emisiones de CO2 provenientes de la degradación de estos recursos. Además, será necesaria una mayor participación y diversificación de oportunidades de las comunidades dependientes de estos ecosistemas, así como voluntad política.

Hasta la fecha, la AbE ha sido subutilizada en las NDC alrededor del mundo: mientras el 71% de las NDC incluyen bosques en sus planes de adaptación, sólo el 39% de los países con ecosistemas costeros incluyen estos hábitats en sus componentes de adaptación y apenas el 7% reconoce co-beneficios de mitigación.

A pesar de que la NDC actual menciona el fortalecimiento de la protección costera a través de conservación y recuperación de ecosistemas marinos y costeros, ésta no establece objetivos cuantificables y concretos. Incluir objetivos e indicadores, como zonas específicas para proteger o restaurar, número de hectáreas, plazos, o toneladas de CO2 capturado, podrían guiar y medir el cumplimiento de estas metas. Es importante enfatizar que existen mayores beneficios en conservar manglares existentes sobre restaurarlos, por lo que ambos esfuerzos se deben realizar a la par. Asimismo, es primordial alinear la nueva NDC con otros planes y programas nacionales, como los Planes de Acción para el Manejo Integral de Cuencas (PAMIC), sitios RAMSAR, e instrumentos como el PROMARNAT y PRONAFOR, así como enfatizar las sinergias con acciones de mitigación y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Fijar metas claras y ambiciosas podría guiar las prioridades de política pública y programas hacia acciones de conservación y restauración de estos ecosistemas. De igual forma, podría facilitar la canalización de fondos internacionales de financiamiento climático hacia estas iniciativas de restauración y conservación.

Cabe destacar que, si bien las SBN juegan un papel vital en la mitigación y adaptación al cambio climático, éstas deben implementarse a la par de acciones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y no sustituyen a una rápida eliminación de los combustibles fósiles.

WRI México trabaja con centros de investigación nacionales, entidades gubernamentales, y socios internacionales en establecer prioridades de restauración y protección de ecosistemas marinos y costeros, incluyendo a los manglares. En el marco del proyecto “Adaptación basada en ecosistemas costeros”, se busca acelerar la implementación del componente de AbE de la NDC, así como generar recomendaciones para escalar y replicar iniciativas exitosas de restauración vinculadas a la adaptación al cambio climático.

Adicionalmente, WRI funge como secretariado del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, una iniciativa de 14 países – incluyendo a México – comprometidos a impulsar una economía oceánica sostenible, que permita proteger de manera efectiva, producir de manera sostenible y prosperar de manera equitativa. Uno de los principales objetivos del Panel es impulsar acciones que permitan lograr la salud oceánica, protegiendo y restaurando a los ecosistemas marinos y costeros, utilizando un manejo integrado, climáticamente inteligente y enfocado en SBN.

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