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Combaten crisis climática y económica con agricultura urbana en Rosario, Argentina

Los residentes de Rosario, la tercera ciudad más grande de Argentina, no son ajenos a las crisis.

Cuando la economía del país colapsó en 2001, una cuarta parte de la fuerza laboral de Rosario quedó desempleada de manera repentina y más de la mitad de su población cayó por debajo del umbral de la pobreza. Ante el aumento vertiginoso de los precios de los alimentos y la escasez, algunos residentes recurrieron al saqueo de los supermercados en busca de alimentos.

“Había mucha gente sin trabajo y, cuando estás desempleado y no tienes nada que hacer y no tienes comida, te entristece y te enferma”, contó Tomasa Ramos Celia, quien habita en Rosario.

Mientras los residentes batallaban con una economía en caída libre, otra crisis se avecinaba. El cambio climático comenzó a elevar la temperatura de la ciudad y a hacer que las lluvias fueran más erráticas, lo que provocó inundaciones en Rosario e incendios en el río cercano, el Delta de Paraná.

La Municipalidad de Rosario respondió a esta situación con el Programa de Agricultura Urbana, uno de los finalistas del Premio Ross a las Ciudades 2020-2021, el cual honra enfoques innovadores que permiten abordar tanto el cambio climático como la desigualdad urbana. El programa, que brinda a los residentes de bajos ingresos acceso a tierras públicas y privadas subutilizadas y abandonadas para cultivar alimentos, originalmente tenía como objetivo aliviar la escasez de alimentos y brindar oportunidades económicas. A lo largo de los años, el municipio convirtió el programa en una piedra angular de su planificación de acción climática inclusiva.

El Programa de Agricultura Urbana de Rosario, finalista del Premio de Ciudades 2020-2021 del WRI, se ha convertido en una piedra angular de su planificación de acción climática inclusiva, al tiempo que alivia la escasez de alimentos y brinda oportunidades económicas. Foto de WRI Ross Center for Sustainable Cities

Agricultura urbana en Rosario: alimentos saludables para comer y vender

Antes de la crisis económica de 2001, muchos agricultores del estado rosarino de Santa Fe, un centro agrícola, cultivaban soya para su exportación. A principios de la década de los 2000, para satisfacer su propia demanda de alimentos, Rosario comenzó a depender en gran medida de productos agrícolas importados y cuyo cultivo había implicado en gran medida el uso de pesticidas.

En 2002, el Programa de Agricultura Urbana de la ciudad (PAU) comenzó a proporcionar a los grupos locales herramientas, materiales, semillas y capacitación en producción agroecológica, que se refiere al cultivo de productos sin químicos. El programa se expandió rápidamente hasta cubrir 75 hectáreas de la ciudad, entre las que se incluyen siete Parques Huerta y varias parcelas más pequeñas en vecindarios que anteriormente eran tierras subutilizadas o abandonadas.

Con el fin de establecer la agricultura urbana como una fuente de sustento, el municipio también creó espacios en toda la ciudad para varios mercados permanentes y emergentes, en los que agricultores urbanos podían vender productos cultivados localmente y de elaboración casera como verduras en escabeche, salsas, jarabes, cosméticos orgánicos y frutas en conserva y mermeladas.

“Los consumidores se benefician porque nuestro producto es más fresco y asequible, ya que no tiene que transportarse por 500, 600 kilómetros”, dijo Marisa Fogante, propietaria de dos pequeños negocios agrícolas en los mercados de Rosario.

"Existe un círculo virtuoso en el que los productores locales cultivan productos que pueden vender aquí, y los consumidores pueden acceder fácilmente a estos alimentos a pie o en bicicleta", explicó.

Hoy en día, casi 300 agricultores urbanos son propietarios temporales de tierras públicas y privadas. Alrededor del 65% son mujeres que cultivan y venden en los mercados de Rosario.

El municipio también expandió la agricultura urbana a espacios públicos, escuelas, mercados y una variedad de programas sociales, especialmente para jóvenes y ancianos, con lo que estableció una cultura en torno a la producción de alimentos. Los Parques Huerta en comunidades de bajos ingresos se han convertido en sitios vitales para llevar a cabo otros programas sociales, como los de educación y desarrollo juvenil. Por ejemplo, el personal del municipio capacitó a más de 2 mil 400 familias y 40 escuelas en producción agroecológica, las cuales desde entonces iniciaron sus propios huertos.

Los residentes locales caminan y van en bicicleta a un mercado de productos agrícolas en el centro de Rosario. Foto de WRI Ross Center for Sustainable Cities

Una reducción de las distancias y de los riesgos climáticos

Además de trabajo y nuevas fuentes de sustento para las personas, el Programa de Agricultura Urbana también trajo beneficios climáticos importantes. Cuando el monocultivo triunfó sobre la producción diversificada de alimentos, la ciudad comenzó a abastecerse de alimentos a más de 400 kilómetros de distancia, lo que creó una cadena de suministro que producía emisiones de gases de efecto invernadero considerables. Hoy en día, en Rosario se producen de forma agroecológica casi 2 mil 500 toneladas de frutas y verduras al año. Que la producción de hortalizas sea local genera un 95% menos emisiones de gases de efecto invernadero que importar productos a Rosario, según un estudio de la Universidad Nacional de Rosario y RUAF Urban Agriculture and Food Systems.

El programa de agricultura urbana se ha expandido gradualmente a las áreas periurbanas de Rosario, en las afueras de la ciudad. Para institucionalizar esta expansión, el municipio creó en 2015 el “Proyecto Cinturón Verde”, una nueva ordenanza de uso de la tierra que designó permanentemente 800 hectáreas de tierra periurbana para ser utilizadas para la producción agroecológica de frutas y hortalizas.

“Eso es lo que diferencia a Rosario de otros lugares, que tiene espacios permanentes para la agricultura urbana”, explicó Antonio Luis Lattuca, ingeniero agrario y uno de los creadores del Programa de Agricultura Urbana.

La expansión del Programa de Agricultura Urbana al área periurbana protege la tierra del desarrollo urbano y la conversión al cultivo de soja, ayuda a reducir el riesgo de inundaciones y baja la temperatura atmosférica. Foto de WRI Ross Center for Sustainable Cities

“(Esto) permite que la agricultura mejore el suelo con el tiempo. Cuando trabajamos con estas técnicas [agroecológicas], el suelo se vuelve más esponjoso y absorbente. En lugar de deslizarse y crear inundaciones, el agua penetra (la tierra)", dijo.

A menudo se piensa en la tierra como el bien más valioso de una ciudad. Sin embargo, el enfoque de Rosario de reservar tierras subutilizadas y degradadas para la agricultura urbana muestra que los objetivos de densidad y desarrollo urbano equitativo pueden ser compatibles y mutuamente beneficiosos. Los nuevos espacios verdes dentro y fuera de la ciudad aumentan la densidad del centro de ésta al evitar una mayor expansión urbana, al tiempo que mantienen los medios de vida de los residentes de bajos ingresos y generan beneficios climáticos.

Integración de la resiliencia social, económica y ambiental

A lo largo de los años, el programa de agricultura urbana de Rosario pasó de enfocarse en llevar comida a la mesa a ser una herramienta para la creación de empleo y, más recientemente, una estrategia para enfrentar el cambio climático. Ahora está completamente integrado en varios de los planes de la ciudad, incluido el Plan Urbano de Rosario de 2007, los Planes Estratégicos decenales de 2008 y 2018, y el Plan Ambiental de 2015.

“Toda política pública mejora con la continuidad”, dijo el Alcalde de Rosario, Pablo Javkin. “Si tienes continuidad, sumas. Le agregas trabajo, experiencia".

Al incluir la agricultura urbana en planes estratégicos, el municipio integró la resiliencia en el futuro de Rosario. Debido a que el programa reduce la huella de carbono, aumenta la resiliencia a los riesgos climáticos y genera empleos e inclusión social, la agricultura urbana es tanto una iniciativa de infraestructura ambiental como una social y económica.

“Si hay algunas cosas que tenemos claras sobre el futuro, incluso dentro de toda esta incertidumbre, es que lo local y lo sostenible van a tener un gran valor”, dijo el Alcalde Javkin.

“Creo que este es un programa que aborda muchos de los problemas que se convertirán en una prioridad en las ciudades del futuro”, agregó.

De cinco finalistas, Producción Sostenible de Alimentos para un Rosario Resiliente, un proyecto del municipio de Rosario, Argentina, fue anunciado como el ganador del gran premio a las Ciudades del Centro Ross el 29 de junio de 2021.

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