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Cuatro prioridades para la Cumbre Climática COP25 en Madrid

En la cumbre espera que los representantes de energía, finanzas y medio ambiente de cada Parte alineen políticas para lograr un mayor impacto de acción climática a nivel global.

Ha habido momentos complicados para hablar sobre las propuestas climáticas de la Organización de las Naciones Unidas. Las protestas masivas contra la desigualdad social en Chile llevaron al país a renunciar a su plan para albergar la COP25 solo un mes antes de que las conversaciones climáticas anuales comenzaran en diciembre. Pero, en tan solo una semana, España ofreció organizar el evento en Madrid en las mismas fechas, una oferta que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) aprobó rápidamente. Este cambio ha sido la decisión más rápida tomada sobre la sede en toda la historia de la CMNUCC. Esta solución repentina a un desafío sin precedentes fue una muestra inspiradora de amistad y reconocimiento de que el cambio climático es una prioridad urgente. Los informes publicados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) emitieron una advertencia severa y poderosa: nuestras tierras, nuestro océano y toda la humanidad están en grave riesgo si no reducimos rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

El mundo necesita que todos los países ofrezcan compromisos climáticos nacionales más ambiciosos el próximo año. España y Chile ya han demostrado un enfoque de "poder hacer" para el desafío climático que debería inspirar al mundo y dar forma a lo que se logra en la COP25.

Aquí hay cuatro tareas clave para los países en la COP25:

1).- Aumentar la ambición

La presidencia chilena definió la COP25 como una COP ambiciosa. En la COP21 en París en 2015, se pidió a los países que presentaran compromisos climáticos nacionales actualizados para 2020 (conocidos en las Naciones Unidas como contribuciones determinadas a nivel nacional, o NDC). A partir de ahora, 68 países han indicado que tienen la intención de mejorar sus NDC. A medida que avanzamos hacia 2020, el mundo estará observando para ver si los grandes emisores seguirán ese ejemplo. La COP25 será un momento para destacar a aquellos que están claramente listos para mejorar sus compromisos y resaltar lo que se necesita para el próximo año. Si bien la administración Trump ha rechazado el Acuerdo de París y estableció a Estados Unidos como un solitario, esto no es excusa para que otros países retrasen sus esfuerzos climáticos. Los estados, ciudades y empresas de Estados Unidos que siguen comprometidos con el Acuerdo de París ahora representan casi el 70% del PIB y casi dos tercios de su población; si fueran un país, serían la segunda economía más grande del mundo, solo superada por Estados Unidos y más grande que China.

En la COP25, se espera que los eventos de alto nivel unan a los ministros de energía, finanzas y medio ambiente para alinear políticas que aceleren y amplíen la acción y las inversiones hacia una economía baja en carbono y resistente al clima.

Al acabar la cumbre, los países deben tener claras las metas clave para el próximo año, deben saber cuándo se presentará la próxima ronda de compromisos climáticos nacionales y cuándo la Secretaría de la CMNUCC dará a conocer una síntesis de los NDC para evaluar el progreso colectivo hacia los objetivos del Acuerdo de París.

2).- Progresar en las reglas que están pendientes

Si bien, el gran momento de la COP del año pasado en Katowice, Polonia fue la adopción de un conjunto de pautas de 300 páginas para facilitar la implementación del Acuerdo de París, hay dos asuntos que no han podido resolverse: el uso de los mercados internacionales de carbono, incluido en el Artículo 6 del acuerdo climático, y la duración del período de implementación para las NDC de los países, también conocido como el marco temporal común.

Mercados de carbono

Establecer reglas para los mercados de carbono será una prioridad para la COP25. El cincuenta y uno por ciento de todos los NDC incluyen a los mercados como uno de los medios para lograr los objetivos de reducción de emisiones de los países. Estos enfoques tienen el potencial de generar reducciones de emisiones más baratas al tiempo que generan financiamiento para la transición a las energías renovables y refuerzan la resistencia a los impactos climáticos. Pero esas reglas deben diseñarse de modo que protejan la integridad ambiental de los compromisos climáticos nacionales de los países.

Sin una supervisión adecuada y reglas sólidas, el Artículo 6 podría socavar severamente la acción climática. Una forma en que esto podría suceder es a través del recuento doble, en el que tanto el comprador como el vendedor de créditos de carbono reclamarían la misma reducción de emisiones en sus registros nacionales de emisiones y, por lo tanto, pintarían una imagen falsa de los recortes generales de carbono. Otra preocupación es que las reducciones de emisiones anteriores a 2020 bajo el Protocolo de Kioto podrían contabilizarse para los compromisos climáticos de los países después de 2020, debilitando los esfuerzos para reducir aún más las emisiones.

Las partes también discutirán el alcance y la cantidad de ingresos del comercio de carbono que destinarán para ayudar a los países en desarrollo vulnerables a adaptarse a un clima cambiante. Los negociadores deben asegurarse de que el nuevo sistema proporcione un flujo confiable de financiamiento al Fondo de Adaptación.

En la COP25, los negociadores deben hacer un progreso significativo en las reglas para el Artículo 6, pero la máxima prioridad debe ser garantizar que sean ambientalmente racionales y no finalizarlas a toda costa. Acordar reglas débiles o malas para cumplir con una fecha límite artificial podría hacer más daño al quebrantar la ambición climática que al retrasar las reglas un año más.

Marco temporal común

Los negociadores también deben tratar de llegar a un acuerdo sobre la duración del período de implementación de las NDC. Los NDC iniciales presentados en 2015 cubrieron diferentes períodos de tiempo, algunos de 2020 a 2025 y otros de 2020 a 2030. El año pasado, los países acordaron tener un marco de tiempo común para rondas futuras de compromisos climáticos (para un período de implementación que comience en 2031), pero no pudieron ponerse de acuerdo sobre la duración del período de implementación. Al enfrentar una emergencia climática, necesitamos establecer un ritmo rápido con plazos ajustados para impulsar a los países a aumentar sus esfuerzos con mayor frecuencia y facilitar la implementación efectiva de otras disposiciones del Acuerdo de París.

En Madrid, los negociadores deben acordar un marco de tiempo común que requiera que todos los países lleven a cabo sus nuevas NDC durante un período de implementación que vaya de 2031 al año 2035. Esto se alinea con el ciclo de ambición de cinco años establecido en el Acuerdo de París, y proporcionará una mayor previsibilidad en el futuro. Además, se debe permitir que los países hagan de conocimiento público sus planes para requerir un marco de tiempo más largo (por ejemplo, 10 años).

3.- Evaluación de pérdidas y daños

Otro tema delicado que los negociadores abordarán en Madrid es la revisión del Mecanismo Internacional de Varsovia para Pérdidas y Daños (WIM), que se estableció en 2013 para abordar las pérdidas y daños asociados con los impactos del cambio climático en los países en desarrollo que son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático. Esto incluye pérdidas y daños que van más allá de lo que los países y las comunidades pueden adaptarse o recuperarse, como la pérdida del patrimonio cultural, la tierra, las vidas y los medios de vida.

En la COP25, las Partes revisarán el desempeño del WIM: qué lecciones se han aprendido, cuáles son las brechas y oportunidades, si el WIM es efectivo y eficiente, si es útil y responde a los países en desarrollo, si cataliza la colaboración y la asociación, y si utiliza apropiadamente sus recursos. También revisarán la visión a largo plazo para el WIM, que tiene implicaciones sobre las formas en que puede mejorarse y fortalecerse. Las Partes deberán prestar especial atención a cómo el WIM ha mejorado, en los últimos seis años, las acciones para reducir y abordar las pérdidas y daños asociados con los impactos del cambio climático, y qué se puede hacer para fortalecer las funciones del WIM, incluso mediante el posible establecimiento de un grupo de trabajo para el financiamiento de pérdidas y daños.

4).- Financiamiento anticipado y desarrollo de capacidades

Los países en desarrollo, particularmente aquellos más vulnerables al cambio climático, no pueden intensificar la acción climática sin el apoyo financiero de los desarrollados. Hasta ahora, 28 países han confirmado su compromiso de contribuir con lo equivalente a $9.7 mil millones de dólares para la reposición del Fondo Verde para el Clima; 12 de esos países han duplicado al menos sus contribuciones en comparación con 2014. Este es un paso positivo, pero muchos más países deberían contribuir, incluidos Australia, Estados Unidos y los países ricos productores de petróleo. Los países desarrollados que aún no han duplicado sus contribuciones deberían hacerlo. Los compromisos financieros adicionales en la COP25 generarían confianza y empoderarían a más países para fortalecer sus compromisos climáticos en 2020. También se esperan decisiones sobre creación de capacidad en la COP25.

En 2015, los países establecieron el Comité de París para el desarrollo de capacidades para permitir a los países cumplir con sus compromisos más ambiciosos y estrictos y fomentar su transición a una economía baja en carbono y resistente al clima. Este año, los países deberán decidir si el Comité de París y otros órganos de la CMNUCC y cómo continuarán ayudando a los países a cerrar la brecha entre el potencial y la realidad. En las conversaciones sobre el clima de la ONU, si se aborda la intersección de la acción climática y la equidad social, se puede llamar mucho más la atención que en el pasado. Esto es en parte el resultado del malestar social en Chile (y en muchos otros países también), pero sobre todo es también, es una consecuencia de la creciente atención a estos temas de manera más amplia en las discusiones climáticas, incluido el enfoque en transiciones justas, impactos en la salud y género en la reciente Cumbre de Acción Climática de la ONU. Con frecuencia, los países no consideran cómo sus acciones climáticas podrían afectar la equidad en sus sociedades. Si se diseñan bien, las políticas climáticas pueden mejorar la equidad, pero deben diseñarse teniendo esto en cuenta, o corren el riesgo de exacerbar las inequidades en lugar de reducirlas. A medida que los países avanzan hacia compromisos climáticos cada vez más ambiciosos, la importancia de garantizar que nadie se quede atrás en la transición será aún más esencial.

Resultados positivos en la COP25

Las conversaciones sobre el clima de Madrid brindan una oportunidad para que los líderes climáticos articulen cómo sus esfuerzos para combatir la crisis climática apoyarán, tanto sus agendas de desarrollo sostenible como, el acercamiento especifico a la inequidad social. Al adoptar el espíritu de "poder hacer", la COP25 puede ser un trampolín para la COP26, momento en el que el mundo estará observando y esperando ver un aumento colectivo de la ambición y acción climática.

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